Mi piel no soporta un segundo más el calor queLoCuRóN
desprende el asfalto, el ruido infernal que genera la ciudad, el cielo
entumecido de humos, de vehículos, cigarrillos y otros humos que aún no aprendo
a fumar.
Estoy completamente anonadada y exhausta. Abrumada por la brutalidad
de las palabras que son incoherentes con las acciones de quienes las
pronuncian.
Siento como se ha quebrado algo dentro de mi mente, y el murmullo
de mis pensamientos no me deja dormir. Insomnio. Otra vez,
Insomnio.
Silencio.
Pausa.
Continúo: se dibujan claramente imágenes de
momentos que no vuelven, como haciendo un repaso, revisión, memoria, para
encontrar, en alguno de esos pequeños detalles, que, aunque iguales, siempre se
presentan diferentes, una respuesta, justificación, ensamble, a la indiferencia
y frialdad de las palabras que pronunció esa
boca.
Respiro.
Profundamente.
No sonrío.
Sombras ¿Qué hay de malo en
ellas? Sombriamente me niego a tener que justificar cada uno de mis actos,
decisiones, acciones.
Contradicción.
De sentimientos, de estados
anímicos.
Odio.
Amor.
¿Odio?
¿Alguna vez fue Amor?
Sociólogo de
segunda mano, que predica aprender a escuchar, pero dice que dice y no dice
nada, pues no sabe escuchar.
El ser humano está enfermo.
El ser humano
está triste.
El ser
¿Humano?
Mi piel se está volviendo tersa, y el
caparazón que tanto me esforcé por destrozar, pide a gritos volverme a
tapar.
Pausa.
Silencio.
Fin.
¿Hay, cuando se trata de un ser
emocional y eternamente enamorado del amor, un final?
Sonrisa que está
dormida.
Sueño que no llega.
Respiro.
Me
levanto.
Sigo.
Inés.-
18.10.06
Pienso
ahora en ustedes. Quienes, como yo, están atrapados por el karma de la
soledad.
Soledad que se disfraza de pérdida. Pero es ganancia cuando se
convierte en palabras agitadas, que brotan, sin saber, quizás sin comprender, de
donde provienen, qué las motiva.
Últimamente me siento
prudente.
Últimamente trato de no ser evidente.
Evidentemente,
redundantemente, mi prudencia es más que evidencia.
Evidencias de un crimen
que no fue tal.
Crimen que atenta contra las ganas de amar.
No abras,
esa tu boca inquieta, si lastimosas palabras vas a pronunciar. Más, me
retracto, pues no puedo privarte de hablar.
No puedo, yo misma, privarme de
callar. Escribo.
Y sigo pensando en ustedes, imaginando que no están en
soledad.
Soy esclava de cada renglón, de cada punto, de cada coma, de las
minúsculas, pues las mayúsculas me recuerdan a nombre propio.
Letra número
trece, que se compone de nueve letras, y las tiene a todas, en orden, menos
a la última vocal.
Estoy, ahora entre ustedes, y me pregunto si tienen algún
número de letra en quien pensar. *
Inés.-
18.10.06
*: Quiero pasar rápidamente la página, y llegar
hasta la zeta, que, del abecedario, es el final, pues me había estancado durante
mucho tiempo. El número trece no me gusta, el nueve resulta ser fatal, y por
ahora todo lo que quiero es olvidar.-
octubre 18, 2006
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